Hoy tenemos el día graciosín y se me ha ocurrido este jueguecillo de palabras. Eso, y que ayer sometí a mi pobre y solitaria neurona a una presión extraordinaria a la que no está habituada y hoy pide descanso y nula actividad cerebral. Pero no pienso obedecerla. Ayer, cuando se suponía que debía poner toda la carne en el asador, me dejó tirada como una colilla, negándose a rendir y ofrecer respuestas... Así que hoy no valen las exigencias conmigo. La he obligado a escribir este post. Se ha hecho de rogar, pero al final ha cumplido porque se sabe en deuda conmigo. Por los daños y perjuicios causados, es decir suspender por cuarta vez. Qué menos.
El caso es, que aun a riesgo de frustrar nuevamente mi autoestima y dinamitar la poca fe que me queda en mí misma, en julio , después de un findesemana de mucho sol y Margaritas en la playa, mandé, en estado de enajenación mental transitoria, una vez más, los papeles para presentarme a otro examen y tomar parte en unas oposiciones. Otras. Distintas a las de siempre, pero parecidas. O eso me hacía ilusión pensar... porque ayer cuando empecé a leer el cuestionario me dí cuenta de que quizás no debía haberme presentado tan alegremente... Una, que no aprende. ¡¡¡¡¡Cuanto daño ha hecho Obama con el maldito "Yes, we can"...!!!!
Teniendo en cuenta que respondí (o al menos lo intenté) a nada más y nada menos que 100, la duda se apoderó de mí durante 120 minutos. Al final usé la técnica "DEPERDIDOSALRÍO"... Y llegó un momento en que ya daba igual la A, que la B, que la Y. Todas son correctas, ninguna lo es, la A y la C... ¿De dónde venimos y a dónde vamos?, ¿Hay vida después de la muerte?, ¿estamos solos en el espacio?, ¿en qué estaría pensando yo cuando se me ocurrió apuntarme a esto?, cualquier día me planto y lo dejo todo para abrir un chiringuito en la playa con sus mojitos... Todo era así de estable en mí mente... Los pensamientos discurrían en blanco y negro, hasta que encontraba alguna pregunta que me sonaba y volvía a verlo todo en color. Me volvía a ilusionar, moral por las nubes, música celestial...y vuelta a empezar. El artículo 6 del Código Civil, ¡bien!, esta me la sé!!!!!! Y marcaba la redonda bien marcada, con seguridad y aplomo, saboreando esos instantes de certeza. De la 1 a la 30," prudencia" era mi lema. No la marques si no estás segura. De la 31 a la 60, caían cruces de esas de las que luego te arrepientes casi más que de una infidelidad. De la 61 a la 100, lanzaba un dado y "alea iacta est". Pasaba de la euforia a la desesperación en segundos. Me daban ganas de autolesionarme por no recordar si al Presi del Tribunal Constitucional lo nombran por 3 años o 9 o 5... O yo qué sé! Pregunten a Google, coño. Que para algo está.
Teniendo en cuenta que respondí (o al menos lo intenté) a nada más y nada menos que 100, la duda se apoderó de mí durante 120 minutos. Al final usé la técnica "DEPERDIDOSALRÍO"... Y llegó un momento en que ya daba igual la A, que la B, que la Y. Todas son correctas, ninguna lo es, la A y la C... ¿De dónde venimos y a dónde vamos?, ¿Hay vida después de la muerte?, ¿estamos solos en el espacio?, ¿en qué estaría pensando yo cuando se me ocurrió apuntarme a esto?, cualquier día me planto y lo dejo todo para abrir un chiringuito en la playa con sus mojitos... Todo era así de estable en mí mente... Los pensamientos discurrían en blanco y negro, hasta que encontraba alguna pregunta que me sonaba y volvía a verlo todo en color. Me volvía a ilusionar, moral por las nubes, música celestial...y vuelta a empezar. El artículo 6 del Código Civil, ¡bien!, esta me la sé!!!!!! Y marcaba la redonda bien marcada, con seguridad y aplomo, saboreando esos instantes de certeza. De la 1 a la 30," prudencia" era mi lema. No la marques si no estás segura. De la 31 a la 60, caían cruces de esas de las que luego te arrepientes casi más que de una infidelidad. De la 61 a la 100, lanzaba un dado y "alea iacta est". Pasaba de la euforia a la desesperación en segundos. Me daban ganas de autolesionarme por no recordar si al Presi del Tribunal Constitucional lo nombran por 3 años o 9 o 5... O yo qué sé! Pregunten a Google, coño. Que para algo está.
Lo cierto es que ya la cosa no empezó bien. En julio aparecí en las listas de excluídos por no se qué de un sello que faltaba. Eran señales de Dios, que por supuesto, por culpa de mi mundana lectura de la vida y de la existencia en general, no supe interpretar. Todo fue un despropósito, salvo el AVE en el que viajamos a Madrid. Eso es un tren y lo demás son tonterías. Rápido y cómodo. Nos plantamos en la capital en un periquete. El hotel también estupendo. Todo muy moderno, el personal amable.. Una delicia. Con tanta bienvenida, hasta parecía que estábamos allí de luna de miel. Tan tranquilos. Ni una pizquita de nervios. Fue desayunando cuando empecé a ser consciente de que el motivo de mi estancia en Madrid era un examen y no unas vacaciones. Hasta el momento había incluso dudado. Las cosquillas empezaron a aparecer en mi estómago donde albergaba un café que nunca debí ingerir, los sms y los whatsaps se sucedían como las contracciones, cada vez más frecuentes. Cuando ya los empecé a recibir cada minuto y siendo todos idénticos (mucha suerte!, suerte, que tengas a tope de suerte!!, suerte, ya nos cuentas luego...) decidí que tener el móvil lejos de mí era muy buena idea. Hice entrega del mismo al Cabra SIN tacones, que heroicamente, se prestó a acompañarme a todo. Y cuando digo a todo, es a TODO. En el AVE, en el hotel, de camino al examen, durante las largas esperas... Solo le faltó entrar en el aula y pedir un examen para él... Hubiera pasado un rato más entretenido y creo que hasta hubiésemos sacado la misma nota, oigan!
Fuimos hacia el metro rezando para que el examen fuese a las 10 y no a las 9 porque yo, siempre tan avispada, no había sido capaz de indagar entre las publicaciones del BOE, la hora exacta. Al principio a paso ligero, después haciendo footing por la Avenida de la Complutense. Aquello es como un complejo hotelero "todo incluido" (Ciencias de la Información, Biología, Química, Psicología, Sociología, Matemáticas, Arquitectura.... y al final de todo, después de 15 minutos caminando, la de Derecho.). Se me hizo larguísimo el camino entre la duda de la hora y del recorrido...Pero al final era como los baños, al fondo a la derecha. Me imaginaba al funcionario de turno, moviendo el dedito, negándome la entrada: "no, no, no señorita, hay que llegar a la hora, yo no estoy autorizado para dejarla pasar (ex opositor a poli nacional, seguro), es un examen oficial". Y yo inventándome una excusa (hubo un accidente en el metro y no pude llegar porque estaba atendiendo a los heridos, me robaron el DNI en la estación y tuve que ir a poner la denuncia que posteriormente y por un desafortunado accidente se coló por una alcantarilla en un golpe de aire que arrancó el papel de entre mis frágiles dedos, sufrí un ataque epiléptico con convulsiones mientras caminaba y tuvo que atenderme el SAMUR ... Todo cosas así de creíbles).
La tarea de llegar al lugar en cuestión se vio facilitada por el hecho de que en el metro encontramos a "otros" como nosotros. Chicos y chicas que llevaban la palabra "OPOSITOR" tatuada en la frente. Como cuando vas por la Diagonal al Camp Nou el día del Clásico. Hasta un bebé de 2 años llegaría sano y salvo hasta su asiento siguiendo a las camisetas blaugranas con piernas. La descripción es más o menos la siguiente: chica excesivamente maquillada, con muy mala cara y ojeras, embutida en unos tacones sin poder disimular que la mayoría del tiempo calza zapatillas de estar por casa, carpetita en mano con una pequeña, muy pequeña, muestra de los apuntes de la oposición y una maleta con ruedas en la otra mano que delata que ha dejado el hotel por no pagar una noche más. En versión masculina: chico delgado, con gafitas de pasta, pantalones de pinzas y camisa azul, sin afeitar o imberbe (existen las dos modalidades), con mochila a la espalda. La mochila no puede faltar. Es un must entre los opositores.
Nada más salir del metro, una marea humana caminaba presa del pánico hacia la Universidad. Por cada opositor, dos padres abnegados que habían madrugado para acompañar a la niña. Él asume el papel de guía infalible por Madrid, cuenta batallitas que nadie quiere escuchar sobre sus tiempos de estudiante en la Facultad o se lamenta por haber dejado aquellas oposiciones que iban a darle la tranquilidad económica que nunca tuvo porque el destino le obligó a empezar a trabajar muy joven y por eso, aconseja a su hija que ha de ser funcionaria por cojones. La mamá va agarrada al bolso y rebosante de orgullo. Con fular de flores a juego con la chaqueta y cargada de esperanzas. Es la madre de la artista.
Debo confesar que yo me sentí huérfana y desubicada. Como cuando tu madre se olvida de ponerte el bocadillo en la mochila y has de pedir en el patio. En aquellos momentos pensé que yo ni era opositora ni era nada! Ni llevaba maletita de ruedas (porque la llevaba el Cabra), ni un solo papel (sencillamente porque cuando me planteé qué materia coger para repasar me dije a mí misma que lo que no estaba ya aprendido, no iba a saberse y punto...) ni papás a lado y lado, ni amuletos, ni gafitas ni tacones.... Sensación que volví a confirmar al entrar en el aula y observar a la chica de mi lado sacar del bolso un estuche gigante que parecía el neceser de Rachel Zoe, con miles de rotuladores de colores, lápiz y goma, varios bolis por si uno estaba seco y la tinta no fluía, pilots y puntafinas, rotrings, máquina de hacer agujeros, celo, grapadora, botella de 2 litros de agua (que si yo me la bebo me da un ataque de riñón y se me desplazan las arenillas a los pies y al cerebro automáticamente), bolsita con suficientes gominolas como para inducirse un coma diabético (igual era por si, viendo el examen muy difícil, sentía impulsos suicidas incontrolables y necesitaba acabar con todo en esta vida), regla para medir la distancia entre los distintos rotuladores, reloj con segundera, reloj digital, pulsómetro para controlar el gasto calórico, caramelos de menta para la garganta, bufanda por si bajaba la temperatura del aula, cleenex perfumados con olor a canela, gafas de cerca, gafas de lejos, funda de las gafas, toallitas limpiagafas y el DNI debajo de todas las gominolas...
Efectivamente, al lado de aquella chica yo no era nadie. Tan solo tenía mi boli BIC negro y mi DNI. Así que saqué mi crema de manos del Body Shop olor floral, comprada en la estación de Atocha en un arrebato consumista. Para rellenar. Y sacarme un poco el complejo.
El proceso fue tedioso y largo como siempre. Llegamos a la Facultad con la lengua fuera, total para nada. Todo el mundo hacinado delante de la puerta, como en las rebajas del Corte Inglés. Había varios niveles de histeria. Los más atacados eran los que estaban en primera fila, con la nariz pegada al cristal de la puerta a punto de aporrearla como si su cuerpo lo fuera a poseer un anarquista antisistema dispuesto a tomar el Congreso en cualquier momento. En un segundo plano, los que estaban sentados en la escalera pasando hojas de una libreta con cara de angustia. Después los "popus", es decir los que se dedican a pasar por las narices de todo el que les quiera escuchar que ya tienen su plaza en el Ayuntamiento de Mora de la Espardeña y explican que han acudido a la convocatoria movidos por su afán de promocionar, obteniendo los puntos que te dan por presentarte al examen de Secres. Esos son los peores. Ya se conocen de otros años y se saludan como si estuviésemos en un cóctel. Charlan en selectos grupitos al final de la escalera con cara de veteranos y miran por encima del hombro a los pringados que no tenemos arrugas, ni plaza en un Ayuntamiento ni amigos para charlas mientras esperamos.
Y después, yo. Al final de todo, entre los fumadores. Cuando me dí cuenta de que la mayoría de gente que me rodeaba eran padres y acompañantes, decidí adentrarme un poco en la marabunta de opositores para sentirme más "in" y por si la sabiduría es contagiosa y se propaga por el aire. Estaba yo allí fumando, discretamente por supuesto, por si algún opositor talibán ex fumador empezaba a gritar que según la Ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco, no se podía fumar en aquel recinto, cuando me doy cuenta de que la chica que está a mi lado está repasando algo que tiene por título "Procesal civil". ¡Coño, yo pensaba que eso no entraba! Y el pánico se apoderó de mí irremediablemente, fastidiándome el resto de la espera.
Pasaban los minutos. De repente, los amorrados a la puerta empezaron a aplaudir y a dar gritos y saltos de alegría cuando dos funcionarios sacaron un tablón de madera (el mismo que debieron usar para publicar los nombres de soldados que se alistaron en el ejército durante la Guerra Civil, a juzgar por el aspecto). En ese momento, salió el instinto de macho alfa del Cabra sin tacones y se lió a adentrarse en la muchedumbre dando empujones, mientras la gente seguía al tablón como si fueran periodistas de Sálvame persiguiendo a Ortega Cano a la salida de los juzgados.
Averiguamos el piso, el aula y nos ponemos a la cola. Hemos calculado mal y estamos justo al lado del radiador con el abrigo (muy calentito porque en Madrid hace un frío seco menos llevadero que el de Bcn, según mi madre) y empiezo a tener mucho calor. El pobre Cabra, esforzado y generoso como nadie, me da un beso y me dice que intente avanzar para conseguir mejor sitio y estar preparada para entrar cuando me llamen. Pero de repente empieza a oler a culo. ¡Aquí huele a culo! Mi mente no puede dejar de pensar eso. Con lo bien que estaría tomando un bocadillo de calamares o una relaxing cup of café con leche in plaza Mayor... La técnica de distraer la mente pensando en Ana Botella y calamares, da hambre, pero funciona. Lo juro.
Sale por fin, después de 20 minutos, el funcionario con cara de acelga y empiezan los llamamientos. No se oye nada de nada porque la acústica del pasillo es una santa mierda, pero no me agobio porque el Cabra no pierde detalle de los apellidos e incluso me informa de que la prima de un conocido que pensaba encontrar no se ha presentado. Me dice que vamos por la "O". Aun queda para la P.... Cuando de repente, a pesar de que los apellidos se mezclaban con los que iba cantando el funcionario del aula contigua, se oye claramente: ORTIZ CAGANCHO, Jose María?? Y una carcajada imposible de contener. El pobre miembro de la familia CAGANCHO levanta el brazo al fondo, se acerca entre la gente que lo mira con guasa y enseña su DNI, con la cara como un pimiento. El funcionario se disculpa con un gesto e intenta seguir con la lista mientras CAGANCHO afirma resignado e intentando aparentar tener buen humor, que "tranquilo, le pasa siempre". Pero a los dos nombres el funcionario se vuelve a descojonar del tal CAGANCHO y ya, todo el mundo se contagia... Si es que cuando digo que este examen fue una suma de despropósitos es que lo fue...
Por fin entramos en el aula y nos sentamos siguiendo el plan de logística del iluminado que se suponía que organizaba el tinglado. Él solito y con un par, decidió que se emplearían solo la mitad de las mesas del aula y que debíamos estar a 50cm de distancia uno del otro, codo con codo. Supongo que para darnos un poco de calor humano o por seguridad. Así, en caso de sufrir un ataque con drones y misiles por parte de los opositores de la promoción interna indignados porque les robamos la mitad de las plazas, al estar justo en las mesas más alejadas de la ventana, nos salvaríamos todos. Cuestión de estrategia. El caso es que empezó el rato que más odio: la espera de casi 50 minutos en que te pones a 100 esperando que repartan en maldito examen y recortar por la linea de puntos. Te lees mil veces eso de cómo marcar la cruz, cómo pintar la casilla para salvar la respuesta anterior y como hacer una redonda a la casilla anteriormente pintada si después vuelves a cambiar de opinión y decides que la primera ya estaba bien... Cuando te pasa esto es por dos razones: o no tienes ni P**A idea, o la estás liando parda con la respuesta. Así que mejor no leer nada y papar moscas. El ambiente se crispa, la gente mira el reloj cada 60 segundos, la chica obsesiva de mi lado no para de alinear enfermizamente los rotuladores; los más supersticiosos sacan estampitas, figuras, dedales, bolis mordidos "de la suerte", relojes de "flick flack" de cuando iban a primaria, fotos de sus difuntos para rezarles algo, agua bendita, un go-go, la chapa de una botella de cerveza.... Todo vale para la ocasión. A los opositores se les perdona todo, incluso las gilipolleces que hacen en los exámenes y el egocentrismo feroz que sufren durante las semanas antes y las de después (suelen mandar a sus amigos y familiares, un sms con sus previsiones, el resultado del examen y su lectura personal del grado de dificultad en comparación con los años anteriores, junto con una estimación de la nota de corte... Ni la Universidad de Ohio State hace estudios tan extensos y documentados).
El reloj va lentísimo. El de delante se hace una autofoto con la hoja de respuestas para colgarla después en Facebook y hacerse el interesante con alguna frase de Paulo Coelho tipo "El mayor fracaso es no intentarlo", "Que tus sueños sean más grandes que tus miedos" o algo así; el de tu izquierda te suelta las preguntas de rutina-opositoril (qué tal lo llevas (supongo que para decidir si te copia o mejor no. La media aconsejable para copiar al de al lado son 10 años, a partir de ese momento, ese opositor está "a punto de aprobar", esa es su convocatoria y puedes copiar con tranquilidad. Yo le dije que llevaba 5, por su propio bien. El me dijo que 4 y le descarté por completo como "copiable"); cuántas veces te has presentado? (aquí por dignidad y amor propio, hay que decir que es la primera, que tu en realidad estudias para otra cosa, pero que mientras tanto aprovechas la convocatoria porque ser Secretaria Judicial te parece un oficio precioso, a través del cual podrás aportar tu granito de arena a la sociedad... Y quedas como una reina). Y la última: eres catalana,no? (a lo que tu contestas: y tu madrileño, no? Lo de si eres independentista no lo aclares, por intimidar más). Y volvéis ambos a mirar al techo, al reloj y al suelo, entrando en un bucle infinito. De repente, el de tu lado quiere comprobar que ha dejado el móvil en silencio y te pide que te levantes (tú y toda la fila) para poder pasar (como en el cine pero peor porque los rozamientos son más inevitables por la estrechez de las mesas y el momento más incómodo...). Todo el mundo necesita ir al baño urgentemente y hay que seguir el Protocolo de Seguridad Anti Trampas, consistente en entregar DNI-recoger DNI... (siempre he pensado que eso es una chorrada. Simplemente porque es absurdo querer cambiarte por otro al último momento e ir a buscar un "listo" al lavabo, porque no hay "listos que se sepan todo el temario y quieran hacerte un favor" que casualmente estén paseando por el baño en ese momento, porque seguramente ese listo, en ese caso, estaría él mismo intentando aprobar la oposición. Y segundo, porque se supone que el funcionario debería estar capacitado para recordar una cara durante 2 o 3 minutos. Salvo que tengas una hermana gemela idéntica esperándote en el baño para cambiarse contigo, es absurdo. Además yo llevaría a mi hermana lista desde un principio, no me arriesgaría a la "Operación WC".
Como digo, esos 50 minutos son infernales. Pero no más que los 120 que siguen... Veremos qué tal mi nueva táctica DEPERDIDOSALRÍO... Esperemos que no sea igual de desastrosa que la del funcionario encargado de la logística....